La hora de los valientes

Si no hemos llegado al punto crítico, debemos estar muy cerca. La sociedad española, todos nosotros como país, estamos ante un modelo socio-administrativo que urge modificar. La transformación más importante y más apremiante es la reforma de la administración territorial y de los poderes públicos (legislativo, judicial y ejecutivo).  El modelo que rige actualmente la ordenación territorial y administrativa de nuestro país ha sido, en parte, un sonoro fracaso en términos económicos, porque fomenta el odio, las desigualdades y el enfrentamiento entre regiones.España necesita dotarse de una nueva estructura territorial que sea no solo viable, sino también eficiente, si queremos que la mayor parte de nuestros recursos no se vayan por el desagüe. ¿O acaso pensáis que una administración pública ineficiente e inviable no influye en la competitividad de nuestras empresas, y por tanto de las posibilidades de empleo, riqueza y prosperidad de cada uno de los españoles? Afecta, y mucho.

Empecemos por las comunidades autónomas, con sus parlamentos, gobiernos, consejos, asesores, empresas públicas, estructura adjunta de chupópteros, y un largo etcétera. ¿Necesita España, un país de extensión pequeña, de población de tamaño mediano, una estructura como esta? ¿Somos los españoles de a pie tan tontos que necesitamos tal número de gobernantes? La respuesta parece ser que sí. O quizás es lo que nos quieren hacer ver.

… en primer lugar la reordenación de municipios para conseguir que todos tuvieran, al menos, una población de cinco mil habitantes. No es ningún disparate, en todos los países de Europa se ha realizado este proceso desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Alemania con más del doble de población tiene la misma cantidad de municipios que España. O en Francia podéis ver carteles con nombres de localidades unidas por un guion, que no es otra cosa que la representación de la unión de dos municipios. Posteriormente dotaría unas diputaciones sin apenas poder político que simplemente dieran cobertura sobre determinados servicios que son insostenibles por municipios de tamaño medio o pequeño, tales como bomberos, policía municipal o servicios similares.

Pero donde está el verdadero meollo de los problemas de nuestro país es en el pozo negro y oscuro que representa las comunidades autónomas. Quizás ellas sean el fracaso más estrepitoso de nuestra democracia. Estructuras que fueron creadas para, por este orden, dar satisfacción a los que quieren destruir nuestro país, para acercar y hacer más eficiente la administración al ciudadano, para quitar esa imagen de centralismo histórico del gobierno de España y porque lo que se llevaba era la descentralización. No solo no han cumplido esa misión sino que han ahondado más en cada uno de los problemas que intentaban solucionar. No se ha conseguido acomodo para los que quieren destruir España, más bien ha aumentado su malestar (claramente auto-provocado). Verdaderas castas de políticos regionales, que pagamos todos los españoles, que se dedican a insultar al resto de españoles, a justificar actos terroristas o a ultrajar objetos comunes como nuestra bandera, himno o historia común y a promover privilegios y desigualdades para según qué regiones. Tampoco se ha conseguido hacer una administración más eficiente y cercana al ciudadano. Al contrario, solo ha conseguido sumergir a la administración pública española en una maraña de leyes, jurisdicciones competenciales y peleas de gallitos que solo conllevan la zancadilla al ciudadano de a pie. Por último, tampoco ha conseguido una descentralización, sino más bien una desorganización de nuestra administración.

Mi propuesta sobre las comunidades autónomas es clara y rotunda: sobran. Si no se acomete una acción sobre ellas van a traer más problemas y muchos más gordos en el futuro para todos y cada uno de nosotros.

Hay que devolver la razón y el sentido común cuanto antes a la forma de organizar nuestro país porque actualmente es ingobernable e inviable. Si a ello le sumamos otra serie de cambios y reformas, como la reforma de la ley electoral o la del poder judicial, será mucho más fácil que no haya corrupción, que tengamos menos impuestos, que sea más fácil la vida del día a día, que nuestras empresas tengan más margen de maniobra y sean más competitivas, que haya más empleo, que haya más prosperidad y que haya menos odio y desigualdades entre ciudadanos de un mismo país. La mejor época es la actual, con un gobierno con amplio respaldo parlamentario, con un alto poder municipal y autonómico y sobre todo, creo que sería así, con un amplio respaldo ciudadano. Porque los ciudadanos somos bastante más sensatos de lo que nuestros dirigentes nos quieren hacer creer. Solo falta un poco de voluntad política.

 

Extracto de un magnífico artículo de David Fernández  ( @davfermen ) sobre lo que pensamos la mayoría de los españoles.

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